martes, 11 de marzo de 2014

A la Ribera de la Bahía



Jueves 6 de marzo de 2014



      Pasaban un poco de las tres de una tarde espléndida de sol y nos pusimos en marcha. Agua, bocatas y, sobretodo, ganas de pasear.

    Dejando la Isla atrás avanzamos por una senda costera cómoda, con algún repechín sin mucha complicación.

   No saludan unas yeguas y el despegar de un avión mientras bajamos hacia el mar que parece que quiere abrazar nuestros pasos. A la derecha y comienza el verdadero paseo, unos 5,5 kilómetros.



     El tramo inicial es relativamente fácil, vamos a buen paso pero sin prisa y disfrutando del espectáculo. La Isla se ve desde aquí. Astillero y sus grúas, Guarnizo, La Bahía… y el sol, bien alto, por si todavía no tuvieses claro lo bonito que es.



    Bajamar, agua en calma, barcas varadas en la arena. El temporal ha sembrado de basura la orilla pero tampoco mucho más. De vez en cuando nos reagrupamos. Llegamos a las tuberías de la Dynasol de Gajano. Un rato de pista pedregosa, giro un ramal y zona de descanso. La verdad es peor parar. Después de un bonito descenso saboreamos la bahía con Pedrosa ya al oeste y viendo Peña Rabiosa y La Campanuca. De frente la punta de Pedreña a lo lejos y algo de tráfico portuario.





   














   Llegando a Elechas, las piernas ya piden bocata y descanso pero también llegar a destino así que ¡venga chic@s! al retomar la senda cortada, en uno de los enlaces de pista hacemos una paradita junto al campo de golf para soltar un poco y, el que quiso, echar un cigarrín.
    Y ya, a tiro de piedra, cruzamos un bonito tramo, cruzando el barrio de El Monte por una pasarela de madera hasta el muelle de Pedreña. Con ganas de sentarnos, hidratarnos y zamparnos el bocata y el plátano descansamos un ratín para retomar lo andado.
















    El ritmo de vuelta (cosa rara) fue mayor que para llegar allí. Las pìernas se cargaban. La verdad es que la dificultad del terreno no es para tanto porque los desniveles son pocos y pequeños, si hay cambios de piso y buena distancia en total (unos 19 kilómetros entre ida y vuelta).




















    Pies cansados y buenas sensaciones: el avión que, yendo hacia Pedreña, despegaba sobre nuestras cabezas mientras subíamos una cuesta, un par de conversaciones, caminar a dúo en silencio, caminar contra mí y conmigo, un tractor, un bote azul, el barco de Protección civil, la Playa tan cerca… El sol que no molesta tanto, ladra un perro, ríen unos niños… ¿seguimos andando? ¿eh?

Miguel

No hay comentarios:

Publicar un comentario